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La Morita: el viñedo de Tijuana que está replanteando el futuro del agua

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Tijuana no suele ser el primer lugar que viene a la mente cuando se piensa en viñedos. Mucho menos cuando ese viñedo se encuentra dentro de una planta de tratamiento de aguas residuales.

Sin embargo, en la PTAR La Morita, la CESPT lleva años desarrollando un experimento que combina viticultura, reúso de agua e innovación ambiental.

La cosecha La Morita 2026 reunió a trabajadores de la Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana y sus familias, incluyendo niñas y niños, quienes participaron en el corte de racimos y en actividades orientadas a explicar la importancia del cuidado y aprovechamiento responsable del agua.

El proyecto parte de una premisa que resulta especialmente relevante para Baja California: demostrar que el agua tratada puede tener una segunda oportunidad y ser utilizada en determinadas actividades productivas.

Un experimento nacido en Tijuana

El viñedo experimental comenzó en 2015 con el acompañamiento del enólogo Camilo Magoni, quien aportó su experiencia para explorar las posibilidades de cultivar vid bajo estas condiciones.

La intención nunca fue crear un viñedo comercial. La idea era observar, experimentar y comprobar qué tan viable podía ser la viticultura utilizando agua tratada, particularmente en una región que enfrenta condiciones de estrés hídrico.

Las vides corresponden a la variedad Cabernet Sauvignon y con su cosecha se produce un vino tinto experimental. La producción no está destinada a la venta; una parte corresponde a Magoni y otra a la CESPT para degustación y seguimiento del proyecto.

El manejo del viñedo también forma parte del experimento. No se busca un cuidado excesivo, sino observar cómo se comportan las plantas bajo condiciones controladas y comprobar las posibilidades del cultivo.

Una apuesta por el reúso

La historia de La Morita cobra todavía más relevancia mientras la propia planta atraviesa un proceso de modernización y ampliación.

Actualmente tiene una capacidad de tratamiento de 254 litros por segundo y la CESPT trabaja en un proyecto para sumar otros 127 litros por segundo, alcanzando una capacidad proyectada de 381 litros por segundo. La inversión aproximada para la modernización es de 79 millones de pesos.

Parte del agua tratada ya se aprovecha en construcción y otras actividades productivas, mientras que el viñedo funciona como una suerte de laboratorio a cielo abierto para explorar hasta dónde puede llegar el reúso.

Pero La Morita también tiene una dimensión humana. Jóvenes de un centro de rehabilitación cercano participaron en la plantación de las primeras vides, convirtiendo el proyecto en una experiencia de aprendizaje y colaboración.

Más allá de una botella de vino

Para Magoni, el valor del proyecto no está únicamente en la uva. También está en demostrar el potencial productivo de Tijuana y la posibilidad de que gobierno y sector vitivinícola colaboren alrededor de un recurso tan estratégico como el agua.

En ese sentido, La Morita representa algo más interesante que un viñedo experimental.

Es una pequeña postal de hacia dónde podría avanzar Baja California: una región donde el conocimiento del vino, la infraestructura y la innovación ambiental comienzan a compartir la misma mesa.

Porque quizá el futuro del vino bajacaliforniano no solamente se está escribiendo entre las hileras de los grandes viñedos del Valle de Guadalupe. También puede estar germinando, de manera mucho más inesperada, en Tijuana.

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