De acuerdo con cifras de Desarrollo Económico e Industrial de Tijuana (DEITAC), la ciudad alberga más de 600 empresas manufactureras activas, que en conjunto emplean a más de 259,000 trabajadores calificados. Se trata de una masa laboral especializada, formada durante décadas en sectores de alta complejidad como electrónica, automotriz, aeroespacial y dispositivos médicos.
A esta escala productiva se suma una infraestructura educativa que sostiene el crecimiento del sector.
Más de 50 universidades y centros técnicos alimentan de manera constante a la industria con ingenieros, técnicos y perfiles especializados, muchos de ellos bilingües y con experiencia en entornos binacionales.

Esta combinación de capital humano, experiencia operativa y proximidad con Estados Unidos ha convertido a Tijuana en una plataforma industrial madura, capaz de absorber inversiones de distinto tamaño y complejidad.
Es sobre esta base —no sobre incentivos aislados— donde cobran relevancia los dos modelos productivos que hoy concentran la atención de las empresas que buscan reducir el impacto de los aranceles: la maquila bajo el programa IMMEX y la manufactura por contrato.
Dos modelos distintos, una misma lógica de competitividad
Según el análisis presentado por DEITAC, no existe una solución universal frente a la presión arancelaria. Las operaciones de maquila y la manufactura por contrato ofrecen beneficios reales, pero lo hacen a través de mecanismos distintos y con implicaciones estratégicas diferentes.
En el modelo de maquiladora, la empresa establece su propia operación en México. Crea una entidad legal, se registra en el programa IMMEX, contrata personal, administra instalaciones y supervisa directamente la producción. Los beneficios arancelarios se obtienen mediante la importación temporal de insumos y maquinaria libres de aranceles, así como a través del cumplimiento de las reglas de origen del T-MEC para exportar productos terminados a Estados Unidos y Canadá sin gravámenes.
La manufactura por contrato, en contraste, se apoya en un socio mexicano ya establecido. El fabricante local cuenta con registro IMMEX, certificaciones fiscales y experiencia regulatoria. La empresa subcontrata la producción y accede de manera indirecta a los beneficios arancelarios, reflejados en el costo final por pieza.
La diferencia de fondo es clara: la maquila privilegia el control y la optimización estructural; la manufactura por contrato prioriza velocidad, flexibilidad y menor exposición inicial al riesgo.
IMMEX: ahorros medibles y control sobre la cadena de valor
El programa IMMEX sigue siendo uno de los instrumentos más sólidos para la manufactura de exportación en México. Su principal beneficio es la importación temporal de insumos, componentes y maquinaria sin pago de aranceles, siempre que los productos finales se exporten.
Para sectores como el automotriz y el electrónico, este esquema puede representar ahorros de entre 5% y 15% en el costo de los materiales de entrada, una diferencia significativa en operaciones de alto volumen. A ello se suma la optimización del IVA: las empresas certificadas pueden diferir o eliminar el pago del 16% en importaciones y acceder a devoluciones en plazos cercanos a 20 días, frente a los 90 días habituales para empresas no certificadas.
El tercer elemento es el acceso preferencial al mercado norteamericano. Al cumplir con los porcentajes de contenido regional del T-MEC —alrededor de 75% en el sector automotriz y 60% en el electrónico— los productos fabricados en Tijuana pueden ingresar a Estados Unidos y Canadá sin aranceles.
La ventaja estratégica del modelo IMMEX radica en el control. Las empresas pueden diseñar su cadena de suministro, decidir la profundidad de la transformación productiva y optimizar su arquitectura fiscal. Para proyectos de gran escala y horizontes de largo plazo, este nivel de control se traduce en una ventaja competitiva sostenible.
Manufactura por contrato: rapidez sin comprometer capital
La manufactura por contrato reduce aranceles a través del apalancamiento operativo. El socio manufacturero mexicano importa insumos bajo su propio esquema IMMEX, produce conforme a las especificaciones del cliente y exporta con trato preferencial bajo el T-MEC.
Para la empresa contratante, el beneficio se refleja en el costo total del producto y, sobre todo, en el tiempo. Mientras una maquila propia puede tardar entre 12 y 18 meses en alcanzar plena operación, un esquema de manufactura por contrato puede activarse en cuestión de meses, sin inversión inicial en infraestructura ni gestión directa de personal o cumplimiento normativo.
Este modelo resulta especialmente atractivo para empresas medianas, líneas de producto con volúmenes variables o compañías que buscan evaluar la viabilidad de una estrategia de relocalización antes de comprometer capital significativo.
La escala de Tijuana hace viables ambos esquemas
La razón por la que ambos modelos funcionan en Tijuana no es teórica, es estructural.
Además de las más de 600 empresas manufactureras y los 259,000 trabajadores especializados, la ciudad cuenta con más de 270 proveedores de primer nivel en sectores como electrónica, aeroespacial y dispositivos médicos, muchos de ellos con décadas de experiencia operando bajo esquemas IMMEX y cumpliendo con el T-MEC.
En logística, la cercanía con California refuerza la ventaja. El cruce de Otay Mesa se posiciona como uno de los más activos de toda la frontera México–Estados Unidos, permitiendo esquemas de entrega en el mismo día hacia el sur de California, uno de los mercados más grandes y sofisticados del mundo.
El análisis de DEITAC subraya que la decisión no es elegir entre maquila o manufactura por contrato como modelos excluyentes, sino entender cuál se alinea mejor con el perfil estratégico de cada empresa. Programas de gran volumen y largo plazo suelen justificar la inversión en una maquila propia. Estrategias tácticas, exploratorias o de rápida implementación encuentran en la manufactura por contrato una solución eficiente.
De hecho, muchas compañías combinan ambos enfoques: comienzan con manufactura por contrato para asegurar mitigación arancelaria inmediata y, conforme crecen los volúmenes y la certidumbre, migran hacia operaciones propias bajo el esquema IMMEX.

















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