Internacional

Una división milenaria, Sunistas y Chiitas

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La escisión del islam en dos corrientes se remonta a la muerte del profeta Mahoma, en el año 632. Es entonces cuando se plantea el debate sobre cuál sería el sucesor más legítimo para dirigir la comunidad de los creyentes:

• Los futuros chiitas designaron a Alí, yerno e hijo espiritual de Mahoma, en nombre de los lazos de sangre.

• Los futuros sunitas eligieron a Abu Baker, un hombre común pero del entorno más cercano a Mahoma, en nombre del regreso a las tradiciones tribales.

Una mayoría de musulmanes apoyaron a Abu Baker, que se convirtió así en el primer califa del islam (cuyo nombre ha retomado de manera simbólica en Irak el actual líder del Estado Islámico, alias Abu Baker al Baghdadi, es decir «Abu Baker, el de Bagdad», N. del T.).

Desde entonces, los sunitas siempre han sido mayoritarios y representan hoy cerca de 85 por ciento de los musulmanes del mundo. Los únicos países con mayoría chiita son Irán, Irak, Azerbaiyán y Bahréin, si bien importantes minorías existen en Pakistán, India, Yemen, Afganistán, Arabia Saudí y Líbano.

Junto a estas dos grandes ramas existen otras corrientes minoritarias: los alauitas en Siria(como el presidente Bashar Asad), los alevíes en Turquía, los drusos, dispersados en todo Oriente Medio, y los carijitas (protestantes o heréticos) en Omán y en el norte de África o Maghreb.

Las diferencias

Los sunitas consideran el Corán como una obra divina y el imán es un pastor nombrado por otros hombres, que oficia de guía entre el creyente y Alá para la oración; en algunas situaciones, puede autoproclamarse.

Los chiiitas consideran al imán un descendiente de la familia de Mahoma y guía indispensable de la comunidad, el cual toma directamente su autoridad de Dios. De ahí que su clero esté muy estructurado.

Consecuencia práctica

Mientras que para los sunitas las autoridades religiosa y política están fundidas en la misma persona, los chiitas proclaman una separación clara. En Marruecos, mayoritariamente sunita, el rey comanda a los creyentes, mientras que en Irán, de tendencia chiita, los ayatolás (guía religioso supremo) son independientes del poder Ejecutivo.

El conflicto

Las querellas entre chiitas y sunitas tienen menos de un diferendo religioso que de un conflicto político entre dos modelos, dos miradas geopolíticas. Los chiitas, encabezados por Irán, están desde la revolución islámica de 1979 en conflicto abierto con los líderes sunitas, considerados como corruptos y vendidos al «Gran Satán» estadunidense.

Desde hace unos años sobresale la idea de un «crecimiento chiita», expresión creada por el rey de Jordania, Abdalá, en 2004, en alusión a Irán, Pakistán, Irak, Siria y una parte de Líbano (con el movimiento y partido político armado Hizbolá).

Pero las alianzas políticas sobrepasan a veces las diferencias religiosas: Irán apoya al movimiento palestino Hamás (sunita), Bachar Asad (alauita) o incluso a la Armenia cristiana más que a un Azerbaiyán chiita.

¿Qué pasa en Irak?

Para comprender la situación actual, hay que remontarse a la intervención de Estados Unidos en Irak, en marzo de 2003.

Los sunitas, que solo representan un tercio de la población, pero detentaban el poder bajo Sadam Husein, fueron sacados del poder. Marginados, víctimas de la violencia, se sublevaron contra el nuevo gobierno chiita (favorecido por la invasión de EU), ya sea por la vía de manifestaciones o por la vía de la violencia. Las pocas concesiones del primer ministro chiita, Nuri Maliki, en el poder desde 2006 (y recientemente sustituido), no fueron suficientes.

Diversas tribus sunitas se aliaron entonces con los yihadistas (militantes sunitas ultrarradicales) del grupo Estado Islámico en Irak y el Levante (hoy bajo el nombre de Estado Islámico, EI), cuya influencia no ha dejado de crecer desde la salida de EU de Irak en 2011. Esto, al punto de convertirse en la actualidad en el principal partido sunita de Irak, movido por un objetivo: la instauración de un califato sunita que borre las fronteras entre Irak y Siria.

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